
miércoles, 12 de mayo de 2021
Cómo detectar a tiempo a un vividor

sábado, 6 de febrero de 2021
Nostalgia de otros tiempos...
Phil Collins era uno de los mis preferidos con 16 años. Qué romántico.
Lo escuchaba mientras me asomaba a la ventana esperando ver aparecer al amigo de mi hermano. Me pasaba horas como la vieja del visillo mientras mis padres creían que estaba estudiando, y cuando lo veía aparecer se me salía el corazón de la emoción. Qué bonito era aquello.
Parezco mi abuela hablando de 1940, pero no, hablo de 1985, hace ná.
Ahora, con 16 años raro es el que no ha hecho ya de todo. Qué pena.
Y es que claro, debe influir que la música de ahora es toda de arrimar cebolleta y las letras se pueden resumir todas de todos los “cantantes” en:
“Ey nena yo te voy a dar una cosita que te va a gustar,
arrímate a mí que te voy a ...”.
Y las chicas “cantan” cosas tan tiernas como:
“A mí me gustan mayores
De esos que llaman señores
De los que te abren la puerta
Y te mandan flores
A mí me gustan más grandes
Que no me quepa en la boca
Los besos que quiera darme
Y que me vuelva loca”...
No sé en qué momento la música dejó de ser música para convertirse en basura, pero claro, si es lo que hay, pues eso es lo que se escucha. Qué pena.
No hay más que ver "La isla de las tentaciones". Chicas que con 20 años ya han tenido “muchas relaciones tóxicas”, tienen las tetas postizas, las pestañas, los pómulos, el culo, y por supuesto, tatus. Imprescindibles los tatus.
En 1986, con 16 años fui yo a Londres con el Instituto, y con la tontería me hice un piercing en lo alto de la oreja. Hasta los 24 estuve ocultándoselo a mis padres. Nunca me hacía coleta. No era miedo, era RESPETO. Y un poco de miedecillo también.
Ahora son los padres los que se embarcan en préstamos para ponerle a la niña las tetas. Qué pena.
Y si las escuchas ya, te caes de culo. Qué lache.
Tienen un lenguaje muy raro.
Me acuerdo cuando en los 90 llegó la moda de las cazadoras vaqueras con rajas y parches. Mi abuelo se tiró un mes diciéndome: “¡Pero si la has comprado rota!
¡Ve a que te la cambien niña!”
Ay... si mi abuelo levantase la cabeza...
Yo no sé en qué momento la vida se torció y dejó de ser bonita y divertida a ser asquerosa. Los jóvenes, como no conocen otra, están encantados, pero los cincuentones estamos que no damos crédito.
Esos adolescentes con los pantalones rabicortos y estrechísimos, se creerán que van bonicos... Y esos pelaos por dios! Qué parecen todos retrasados! Pero oye, es la moda...
Ahora en vez de ir a los bares a bailar por Gabinete Caligari o corear a Radio Futura, lo que mola es jugar a la Play y tener muchos seguidores en Instagram, que parece un catálogo de carne, igual que Tinder o Meetic, pero para adolescentes. Ya no sé liga, ahora se va directamente al grano. Se han saltado lo más bonico.
En fin. Menos mal que tuvimos la gran suerte de nacer en el siglo pasado y ser adolescentes cuando la música lo era con mayúsculas, cuando el amor era bonito, el sexo llegaba como pronto y por lo general después de los 20, y todavía se tenía respeto a padres, profesores, mobiliario urbano y personas en general.
Nunca pensé que acabaría hablando como mi padre, y nunca pensé que aquello de “Cualquier tiempo pasado fue mejor” era verdad.
Y luego no queremos tener ansiedad... Demasiada poca tenemos.
(Do you remember? Phill Collins).
Lista de Spotify de aquellos mejores tiempos...