viernes, 27 de enero de 2017

Esposas felices VS Madres solteras.

Pobrecillas, la verdad es que a veces lo pienso, y me dan pena.

Siempre solas, haciendo todo el trabajo de la casa. Limpiar, planchar, el niño, el trabajo de fuera, la compra, la comida, la merienda, la cena y el desayuno. Teniendo que encargarse ellas solas de todo, y encima siempre les toca a ellas bajar la basura. Siempre.
¡Que cuando los niños son bebés se tienen que despertar siempre ellas!. Y tragarse solas todos los médicos, recogidas de notas y funciones del cole. Y que no tienen ni un minuto para ellas en todo el día.
Ni un segundo de relax. Y nadie les agradece todo lo que hacen. En fin...
Luego estamos las madres solteras.
Nosotras no estamos nunca solas, excepto cuando queremos estarlo. Nosotras siempre estamos con unos amigos o con otros, porque podemos limpiar la casa cuando nos de la gana. O incluso no limpiarla. Y no planchamos. Eso sí, nos hartamos de chocolate, igual que las Esposas felices.

Nuestro hijo nos da el cariño y el amor que necesitamos, y es nuestra compañía. ¿Puede haber alguna mejor?. Trabajamos para mantener a nuestro hijo. ¿ Hay algo más motivador?. Compramos lo que queremos y nos gusta, y comemos, merendamos, cenamos y desayunamos a la hora que nos apetece a los dos.
Cuando mi hijo era bebé, me tenía que despertar siempre yo, feliz por sentirme tan importante para él, y no enfadada porque el otro nunca se levanta.

Nosotras tenemos tiempo para nosotras, porque sólo tenemos que ocuparnos de uno más.
Y a nosotras nuestros hijos nos agradecen cada día lo que hacemos por ellos, porque saben que sus madres estamos solas para todo, porque saben que si no fuera por nosotras, no tendrían a nadie más en el mundo. Porque saben que somos su punto de apoyo en el mundo de mierda este, en el que han tenido la mala suerte de haber nacido.

Estamos muy cansadas siempre. Y tenemos que ocuparnos de absolutamente todo.
Igual que las Esposas Felices.

Pero sabéis qué? 
Que me mola que te cagas haber tenido este papel en la vida! Que si! 
Que es diferente, desconocido y excitante. 
No tienes seguridad de nada. No hay dos días iguales. Ni siquiera parecidos. 
Dependes exclusivamente de ti misma.
Pa lo bueno y pa lo malo. Pa tó. 
Y cuando hay un problema, tú lo solucionas. Y cuando hay un problemón, tú decides lo que se hace y te arriesgas. Y luchas. Y ganas. Sola. Porque lo has decidido así y cuando se decide, siempre se gana. Siempre.
No tienes pareja con quien consultar nada, pero tampoco con quien discutir de nada.
Y eso, la verdad, no se paga con dinero.

Y vas por la calle libre, con tu hijo, sin prisa porque sólo sois dos y estáis juntos.

Y te da igual meterte en MacDonalds porque sabes que a tu hijo le hace ilusión. Lo mismo que tirarte dos horas viéndolo jugar al baloncesto un sábado de enero a las 9 de la mañana, y tres en la fiesta de su cumpleaños aguantando a 20 niños chillones. Porque es tu hijo. Porque no hay nadie más cercano a ti que él, que te ha salido de dentro. 

Lo mismo que él hace cosas por ti, que un niño de esa edad no hace de motu propio. Se lava los dientes por ti. Se ducha por ti. Se abriga por ti. Y se pone las zapatillas en casa por ti. Se queda en casa de alguien para que tu vayas a un concierto o de viaje. O cuando te echas novio, lo hace más a menudo. Por ti.

Porque si de verdad existe el amor, debe ser la sensación que se tiene por un hijo. Y la que se tiene por una madre. Es un amor sereno. Verdadero. Puro. Sin condiciones.
Aguantas carros y carretas, y con gusto. Los demás mal llamados amores, son sucedáneos de los más bajos instintos, disfrazados de película romántica.

Nos dicen que en la vida hay que tener de todo para estar completo, y creo que eso no es verdad. La gente compra y compra en un afán desmedido por sentirse completo. Piensan que teniendo un cochazo, la tele más grande, la pareja más abnegada, la lavadora más moderna y el armario más lleno, se van a sentir completos. Pero si te paras a ver lo que tienes, te das cuenta de que es más que suficiente para sentirte completo.
A veces el tenerlo todo, te resta más que te suma.
No hacen falta adornos cuando tu vida está llena.

Y es un orgullo, pasados los años, darte cuenta de que te has valido por ti misma para todo, que no has necesitado de nadie que te "ayude" con el niño, con la casa o con los recibos. Nosotras podemos con todo. Incluso con un marido.

Nos suelen decir que tenemos mucho mérito por estar solas con nuestro hijo, pero yo siempre respondo lo mismo. Puede que sea más duro, pero es mucho más fácil. Nadie nos desautoriza en las decisiones, nadie nos impone nada, nadie nos hace ceder en su educación. Nos equivoquemos o no, las decisiones las tomamos nosotras.
Y la basura la bajamos cuando nos da la gana.

El verdadero mérito lo tenéis las que además de hijos, casa, trabajo, plancha, etc, tenéis un marido al que aguantar, atender, querer, soportar y cuidar.
Nosotras lo tenemos más fácil ;) Y no tendremos que cuidar a un viejo protestón dentro de ná...

Después de todo esto, tampoco creo que las Madres Solteras estemos mucho más jodidas que las Esposas Felices, la verdad.

Pobres Madres Solteras, pobres Esposas Felices...

"I know that love, for you, was just security"
("No part of me". Steven Wilson)

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