viernes, 1 de junio de 2018

Vértigo...


A lo que realmente tenemos miedo, es a la libertad de poder elegir la opción que queramos.
La buena o la mala. Es decisión tuya.


Tú decides y tú aciertas o te equivocas.
Y no siempre se está preparado para asumir ese riesgo.


A lo que realmente le tenemos miedo, es a ser LIBRES. 
Libres para elegir y acertar o equivocarnos. Una gran responsabilidad.
Es mucho más fácil cuando nos dan las cosas hechas y no tenemos que decidir.
El vértigo de la libertad, es como una droga.

Quien ya ha decido, no tiene miedo. Pero tampoco LIBERTAD.
Si has tomado una decisión, estás cómodo, pero atrapado en ella.
O sea, hagas lo que hagas, estás jodido.

Deja de tomar decisiones y déjate llevar.
Ya estás jodido. 
No te preocupes por ná. Bah.

Arriésgate a equivocarte. Total, nunca sabrás qué hubiera pasado si hubieses elegido la otra opción. 
Cada vez que tengas que tomar una decisión, no pierdas ni un minuto pensando qué hacer, te vas a equivocar igual. Elige la primera que pilles, da igual.

A veces parece que no, que has acertado, y te pones tan contento, pero al final te acabas dando cuenta de que te has equivocado, porque la has cagado. Siempre la acabamos cagando. Antes o después. Tú y yo. Todos.


Las cosas pueden empezar bien o mal, sólo hay dos opciones.
Cuando empiezan bien, al final acaban mal, antes o después.
Si empiezan mal, ya no hay más que hablar.

No estoy siendo negativa, no. Estoy siendo realista.
Parejas, amistades, matrimonios, proyectos, trabajos...
Empiezan divinamente, hasta que se joden. Porque no hay nada que dure para siempre haciéndote tan feliz como te hacía al principio.
Ni parejas, ni amigos, ni trabajos. Todo se acaba convirtiendo en una costumbre sin emoción, porque ya sabes lo que va a pasar en cada momento.


Parejas que levan juntas desde el instituto y van a cumplir los 50, hasta los huevos están ya el uno de el otro. Se pueden querer mucho, si, pero es un amor de abuelos, no de adolescentes. A quien le mole eso, perfecto, pero que nadie jure que es feliz, porque la rutina y el saberlo absolutamente todo de la otra persona, no son ingredientes precisamente de la felicidad, sino de otras muchas cosas que nada tienen que ver con ella.
Miedo a estar solo, miedo a perder el status, miedo a quedarte sin trabajo, sin amigos... MIEDO.

Mientras tengas miedo, estarás atado a eso que no te hace feliz. Irán pasando los días, las semanas, los meses y los años, y cada vez serás más infeliz, porque no te atreves a romper con todo y hacer lo que de verdad quieres, a estar con quien de verdad quieres, y a decir lo que de verdad piensas.


Ese momento lo has pensado un millón de veces. Te da vértigo. Miedo a lo desconocido, a qué pasará si lo hago, a qué pasará si lo digo.
Y mientras tanto, se te va pasando la vida, sin ser consciente de que está en tu mano, que tienes la libertad de decidir qué y a quién quieres en tu vida, pero eso es dar un paso al vacío, y da miedo. Y como te da miedo, no lo haces.

Por eso, muchas personas siguen con una pareja que no les llena, un trabajo que no les gusta, o unas amistades que no le aportan, por el miedo a no saber con qué se encontrarán si dan el paso. Prefieren seguir aletargados pero seguros, antes de arriesgarse a ser libres.


A otros, lo que les gusta es precisamente sentir ese vértigo, esa sensación de no tener nada bajo los pies, de tomar una decisión arriesgándote a que te salga mal, pero que merece la pena por las sensaciones que te aporta ese momento. El vértigo te hace SENTIR, y engancha tanto, que estás dispuesto a perder lo que sea con tal de vivir esa sensación de riesgo.

Se nos olvida que solos nacimos y solos moriremos. Que todo lo material que tenemos se quedará aquí cuando nos vayamos, y que lo que hagas con tu vida, sólo depende de tí, y tienes libertad de elegir lo que quieres y a quien quieres en ella, ya que el único responsable de si la disfrutas o no, de si aciertas o te equivocas, eres tú. Nadie más.

Ahora, piensa si tienes la vida que quieres, y si no es así, da el paso.
Quien dijo aquello de "Más vale malo conocido que bueno por conocer", debía ser un amargao cagao con una vida aburridísima. Tanta prudencia, tanta cautela por no perder algo que no te llena, en vez de arriesgarte a conocer algo supuestamente mejor. Porque siempre acaba siendo mejor.

En fin, allá cada uno. Yo lo tengo claro.
Me quedo con el vértigo.


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