sábado, 18 de febrero de 2017

Raza "humana"...

La raza humana no es una sola raza. No todos somos iguales, ni tenemos las mismas costumbres ni capacidades.
Dentro de la raza humana hay muchas sub-razas. Y no me refiero a colores o étnias.

Imaginad "Hombres, mujeres y viceversa". Un chico de esos clónicos hinchados, rapados y con pendiente, manteniendo una "conversación" con una chica de esas clónicas, siliconadas, con extensiones y pendientes de aro gigantes y dorados. Si te paras a escucharlos un minuto, te pareciera que hablan otro idioma distinto al tuyo, y te cuesta distinguirlos entre ellos. Eso sí, por los nombres te será más fácil: Yeni, Yosua, Crístel, Robert, Johny, Tamara, Melani... Está claro que vienen de otro planeta.




Ahora pensad en "Saber y ganar". Ese mítico Jordi Hurtado, con esos dientes, esas chaquetillas con olor a alcanfor, esos concursantes tiesos, serios y soporíferos, y ESA SEÑORA QUE SALE SÓLO PA DECIR UNA SONRIENTE FRASE ESTIRADÍSIMA! La frase y la señora.
Y le pagarán por tan arduo trabajo?....



Y ahora... Pensad en El Programa de Ana Rosa. Por ejemplo. Esas CACATÚAS PINTORREADÍSIMAS!, que no pueden ni reírse de lo estirás que están, todas con las piernas cruzadas de una forma rarisima, y esos diálogos aburridísimos... Y lo mismo te hablan de la niña descuartizada en Pinto, que del nuevo amor de Chábeli... Y todo con la misma expresión y postura... Menos mal que han fichado a Mario Vaquerizo, al menos hay alguien normal entre tanta estatua de cera con zapatos caros y perfume de Dior...


Venga que vamos bien.


Y ahora.... Ahora pensad en esos soporíferos debates deportivos domingueros, en los que analizan al milímetro cada centímetro que recorre el balón por el césped, y cada uno de los pestañeos de todos y cada uno de los 22 futbolistas que ocupan el Estadio de San Mamés. No sé si son 22. Los que sean. Y con ese argot que tienen, que la carne en el asador debe estar ya churrascá... Qué cansinez...



Mmmm....y esa Cayetana Guillén Cuervo, en su "Cine de La 2", más tiesa que la Preysler pero con la mitad de años, encantada de haberse conocido, entrevistando a los actores o directores con cara de ser más que nadie, y esa sonrisilla tan falsa... Ahora que lo pienso, en La 2 deben tener el secreto de la eterna juventud, porque ésta y el Jordi Hurtado, están más jóvenes que cuando yo los veía de pequeña... Ana Rosa Quintana también, pero se ve que le pagan más en la otra cadena...




Cuarto Milenio... Ese programa donde un señor habla con cara de susto y habla que da más susto todavía, aunque te hable de un vertedero de ruedas en Valdemoro... O de las pirámides, o del espíritu de la niña del hotel abandonado... Da igual, el caso es dar miedo.





Y Sálvame! Puff, en Sálvame han metido a todos los que sobran de todos los demás programas, por no pegar en ninguno. Menuda pandilla, a cuál más repintao y más gritón! Madre mía, qué fauna más agradable para pasar las tardes de sobremesa...


Y cómo no!, los sempiternos debates políticos, patrocinados por la Conferencia Episcopal, donde llevan a un invitado de cada ideología para que se lleven la contraria los unos a los otros, y así pasar dos horas divertidísimas, para acabar igual que empezaron, sin aclarar nada a nadie.
Pero eso sí, cada 5 minutos una señora momia te suelta un anuncio de 15', vendiéndote las bondades de un colchón viscolátex por el módico precio de 89€ al mes durante 30 años, o el reloj estrella de Galería del Coleccionista, bañado en oro con diamantes de 87 kilates, por otros 90€ al mes... En fin.




Bueno, creo que ya os he puesto ejemplos suficientes como para que veáis algunas de las sub-razas que hay dentro de la raza humana.
Como veréis, en estos ejemplos, no hay dos que se parezcan. Tú no puedes sentar en el mismo plató a la Yesi de "Hombres, Mujeres y Viceversa" con Jordi Hurtado, o a Belén Esteban con uno de esos tertulianos políticos, o a Ana Rosa con el Robinson ese que habla de fútbol sin parar.

No, no todos somos iguales. Ni ante los ojos de dios ni ante los del espectador. Estamos en el mismo planeta, si, pero entre unos y otros hay unas diferencias más que abismales.


Pues a pie de calle pasa exactamente lo mismo. Aunque tu vecina tenga dos brazos, dos piernas y dos ojos como tú, a ella le gusta escuchar a Bisbal a todo volumen, vestir a la moda barriobajera y comer pizza los viernes, mientras que tú escuchas música clásica, vistes discreta y los viernes no cenas para limpiar el hígado. No tenéis nada que ver.

O ese marido que se pasa el día trabajando, y cuando llega se calza el disfraz de ciclista y se echa a las carreteras hasta la hora de cenar, mientras otro llega a casa y ayuda a bañar a los niños y a hacer la cena.

Y esa señora que lleva tantísimo maquillaje que apenas se le ve la cara, peinada siempre de peluquería, cargada de oros, vistiendo diseños caros y zapatos de marca, nada tiene que ver con la hippie que come de su huerto, va sin sujetador y amamanta a su hijo en plena parada de bus.

Somos muy distintos los unos de los otros. Mucho. Quizá demasiado. Y menos mal.


Y tendemos a juntarnos con gente que se parece a nosotros, porque pensamos que en ellos vamos a encontrar lo que nos gusta. Y tenemos miedo de mezclarnos con gente diferente a nosotros, porque lo desconocido asusta.
Nos unimos en guetos donde todos tenemos la misma pinta, olemos igual, comemos lo mismo, nos reímos de lo mismo y escuchamos la misma música.
Los pijos con las pijas, los heavys con las rockeras, los religiosos con las católicas, los musculitos con las siliconadas, los de pantalones cagaos con las de extensiones, los abogados con las procuradoras, los que tienen dinero con las que tienen dinero, los de barrio con las de barrio, y los médicos con las doctoras.
GUETOS. Círculos herméticos donde no entra nadie que no reúna las características del grupo.


Si un tío es de salir de fiesta bakalaera los fines de semana, jamás podrá ser amigo de una chica estudiante de medicina a la que le gusta Ismael Serrano. O una tía tatuada hasta las orejas con un chico tímido que estudia en el conservatorio de danza. O una chica que trabaje de cocinera en un bar, jamás podrá aspirar a casarse con un arquitecto millonario. Simplemente porque no rondan los mismos ambientes, y porque un millonario no se fija en alguien que no lo sea.
Al contrario sí, qué curioso...

En definitiva. Este mundo está lleno de gente. Seremos humanos, no lo sé, pero lo que sí sé, es que no somos iguales, sino todo lo contrario.

Nuestras diferencias nos separan cada vez más. Antiguamente era todo más homogéneo, había menos diferencias sociales, intelectuales y físicas. Bueno, también hay excepciones, como la de la pelandrusca que se casó con el Barón Thyssen, que curiosamente, detesta a la mujer de su hijo acusándola de ser una pelandrusca que ha ido a pillar a su hijo que es rico... Vaya por dios!







Tengo la gran suerte de tener amigos de todas las tribus urbanas. Desde los más hippies que viven en una casa de paja hecha por ellos mismos en mitad de un monte y comen lo que siembran, hasta los que tienen millones de euros y no saben ya en qué invertirlos.

Vamos, que si te viene tu hijo con una de esas con bottox en los labios, le haces la vida imposible hasta que la deje. O si llega tu hija con uno al que le asoman los tatuajes por el cogote, montas en cólera y le das a elegir entre su familia o él.


Y ¿Sabéis qué?, que el que es buena gente, lo es, ya conduzca un Aston Martin o vaya sin sujetador, ya sea camarero o arquitecto millonario, cantante famoso o repartidor de pizzas, toque el clavicordio o sea heavy satánico.
La raza humana es apasionante, porque habiendo nacido todos exactamente igual, con el paso del tiempo nos vamos moldeando hasta convertirnos en lo que somos, seres completamente diferentes los unos de los otros, y que miramos con recelo a los que no son como nosotros.


Luego ya, lo de ser buena persona o un hijo de puta, es cosa de cada uno. Es cierto que es complicado tener cosas en común con alguien de distinta capacidad intelectual que tú, o distinta clase social, pero es que tampoco damos oportunidad a ver qué pasaría.

En resumen, el ser humano es el menos humano de todos los seres.

Y luego está Mario Vaquerizo... Que aún no sé en qué raza meterlo, porque es como un mix de todas las demás. Está tatuado, pone morritos para las fotos, es millonario, está casado con una que podía ser su madre y va de punki.
. . .



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