sábado, 4 de junio de 2016

Fútbol...

Si hay algo que entiendo menos que el fútbol, es la cara de perdidos, desconsolados y mártires máximos que se les queda a los seguidores del equipo que pierde. Y lo inmóviles que se quedan. Y algunos hasta lloran. Parecen costaleros en un día de lluvia. Me quedo muerta.
Lo acabo de ver en el final de un partido, que dice mi hijo que era la final de nosequé champions, como la copla de Mercury.
Me disculpen los entendidos, pero tengo la tara mental de no saber ni qué equipos existen, ni quién juega en cada equipo, ni quién ha ganado el Roland Garrós. No entiendo de campeonatos de fútbol.

De hecho, si me pones una foto de Messi, otra de Ronaldiño, y otra de López Ufarte, no sé decirte quién es quién. Ni falta que me importa.

Se supone que al que le gusta el fútbol, le gusta el deporte, le gusta ver cómo juegan al fútbol esos a los que admira tanto ( tampoco entiendo muy bien por qué). Se supone que da igual quién gane o pierda, si lo que tanto aman es el deporte y si tanta deportividad llevan en la sangre.
Pues ahí tienes a la mitad del estadio y de los bares del planeta llorando amargamente y pasando un mal rato enorme, mientras la otra mitad gritan, se arrancan la camiseta, se agitan como animales esquizofrénicos, se les salen los ojos de las órbitas, y se pasan trescuartosdehora tirando cohetes para compartir con el resto de su código postal la gran alegría que los invade. Mientras, los perros las pasan canutas. Suputamadre.
Y yo pregunto:
¿No se puede ver un partido, disfrutarlo, alegrarse con los goles propios, decepcionarse con los ajenos, y cuando termine seguir tu vida con normalidad?
No sé, a lo mejor estoy diciendo una tontería...

Cuando termina un concierto no lloramos, ni insultamos al guitarrista si no lo ha hecho bien.
Cuando vamos al cine y termina la peli, no tiramos cohetes.
Cuando termina una partida de ajedrez, no nos rompemos la camiseta.
Cuando acaba un partido de tenis, la gente te va a tomar un brunch.
Cuando acaba un partido de baloncesto, te vas a casa, pides una pizza y ves la tele. Pero no quemas contenedores.
Y cuando acaba la misa?, pues decimos "Podemos ir en paz" y nos vamos a comprar el pan y el periódico. Tan ricamente.

Romper mobiliario urbano, gritar cuales neandertales, tirar piedras a los del equipo rival, arrancarse las camisetas...
¿En qué otro espectáculo, representación artística o deportiva, los asistentes lo pasan tan mal y acaban cual invasión vikinga?
Siempre me ha fascinado el comportamiento humano (sí, las mujeres que disfrutan con el fútbol también se supone que son humanas) en todo lo referente al fútbol.
Me disculpen los que disfrutan con el fútbol por mi animadversión hacia su amado hobby. Tiene que haber de todo.
Hay algo en ese deporte que a mis 47 años de vida, no he acertado aún a entender. Y temo morir sin haberlo entendido. Llevarme esa duda a la tumba... Puff. Qué castigo divino!
Una buena amiga me dijo una vez que para ella un partido es como para mi un concierto, que lo pasan igual de bien y les emociona lo mismo. Pues mira, así lo entendí un poco más, pero de todos modos, detrás de un concierto hay un artista que transmite sensaciones, un compositor, unos músicos y unos profesionales de sonido y luces que han estudiado, que se han esforzado, y que han conseguido llegar a mostrarnos su trabajo después de mucho trabajo y dificultades. Y muy pocos pueden vivir de la música. Triste.

Detrás de un partido, hay unos cuántos chavales que sí, entrenan diariamente, ¡pero nada más!. Su máximo mérito es correr por un césped artificial carísimo, mimado hasta el último detalle, detrás de una pelota que cuesta una fortuna, y probar a ver si la cuelan entre dos postes con una red. Si la cuelan, guay, se convierten en ídolos mundiales. Los seguidores gritan, berrean, se alegran e insultan al contrario. Y los del equipo contrario, básicamente sueltan barbaridades por la boca, se enervan y pasan un mal rato. Y si no la cuelan, no pasa nada, porque cobran la misma fortuna que si la colaran. Los seguidores de todos modos insultan al aire y se cabrean. Tiene que haber hasta policías. Máxima tensión.

Curioso esto del fútbol. La gente se compra un abono para ir a todos los partidos de su equipo local, y visten con la equipación oficial (a 120€ la camiseta) aunque estén todos los miembros de la familia en paro y a la niña le hagan falta unos brackets. Lo primero es lo primero.
Y al que le pilla lejos, se los ve todos en el bar, pero grita y dice los mismos tacos al mismo volumen que los que están en el estadio.
Van al partido o al bar todos ataviados con unas bufandas horrorosas, incluso en verano. Y parece que se lo pasan bien y todo.

Pueden pasar horas y horas comentando y opinando sobre el más mínimo movimiento de cualquiera de los jugadores, o de cualquiera de las jugadas. Pero luego no son capaces de charlar con sus parientas más de 5 minutos. Lo primero es lo primero.

Y ese argot que usan... Ese vocabulario ñoño y repetitivo que usan los futboleros... Es como un idioma que se va aprendiendo desde pequeño, gracias a los mil y un programas radiofónicos y televisivos dedicados exclusivamente al todopoderoso y omnipresente fútbol. Debe haber una asignatura en la facultad de estos periodistas para aprender a hablar de esa forma, porque todos hablan igual!! Es insufrible aguantar la conversación entre dos futboleros si tu no entiendes del tema. Te sientes extraterrestre. Insufrible!






















Y la de mujeres que hay en el mundo acostándose todas las noches con el dulce soniquete del "Larguero" o del "Carrusel Deportivo". Pobrecillas...

Y todo por amor. Eso sí que es amor, porque por gusto no se soporta eso. Ni por dinero.
Y los pocos hombres que hay a los que no les gusta, están más valorados por las mujeres que una Bonoloto premiada. Hay muy pocos y se les mira raro.

Es increíble lo que da de sí un partido de fútbol, oye.
Medio país habla de ello durante los dos días siguientes.

Periódicos con suplementos a color, incluso de más páginas que el periódico en sí. Programas de radio y televisión con decenas de periodistas deportivos, que una y otra vez repiten las jugadas que ellos consideran más interesantes, y renombrados ex-jugadores discuten y analizan hasta la saciedad.

Hay estampas, álbumes, pegatinas, estuches, camisetas, balones, tazas, zapatillas, mochilas, delantales, gorras, lápices, llaveros, pósters, sartenes y hasta corta-uñas con el escudo de tu equipo. Alucinante el merchandising.
Los niños de tooooodo el planeta sueñan con ser futbolistas. Y los menos niños con tener el coche y la novia de un futbolista. Y las mujeres con tener la casa de un futbolista. Y al futbolista.
Todo gira en torno al fútbol para el 90% de la población mundial. Ya sean indígenas africanos o ejecutivos americanos. El fútbol interesa a la gran mayoría de los seres humanos, sin distinguir raza, étnia, clase social, nivel de estudios, poder adquisitivo o desarrollo cerebral.
El fútbol tiene algo que abduce a la gente. Una pelota. Unos cuantos tíos (no sé ni cuántos hay en cada equipo). Dos porterías.
Eso es todo lo que se necesita para tener la atención diaria de muchos miles de millones de personas. Flipante. 

Los futbolistas viven en mansiones con servidumbre filipina, conducen cochazos de película, tienen novias modelos, relojes que cuestan más que tu casa y lamía juntas, y viven como auténticos faraones, derrochando en todo lo que pueden, porque cobran tal millonada que jamás se les gasta el dinero.
Suelen ser jóvenes a los que se les da bien el balompié, que alguien los ficha y los convierte en ídolos. Los niños de todo el mundo los admiran, quieren ser como ellos, se cortan el pelo como ellos, y tapizan sus habitaciones y sus estuches con sus fotos. Sueñan con ser como ellos.

Pero los músicos, o los médicos, o los electricistas, o los abogados, o los panaderos... Con ellos nadie sueña. Esos que sí tienen mérito de verdad, que cumplen una función imprescindible en la sociedad, con ellos, no sueña nadie. Y ganan un sueldo normalito para vivir al día, los que tienen suerte.

No es justo. Me revienta que las cosas sean así. A los que os gusta mucho el fútbol, estaréis cagándoos en mi calavera, lo sé. Entiendo que cada uno disfruta con lo que le da la gana. Hasta ahí de acuerdo.
Pero que esos niñatos analfabetos (la mayoría) sean los reyes del mambo por correr y darle patadas a una pelota, mientras hay gente que trabaja 12 horas al día durante los 30 días del mes para ganar mil miserables euros, no es justo. Y lo sabéis.

Ya, vosotros no tenéis la culpa. Bueno, una poca si. Por verlos! Y comprar esas camisetas a 80€! Y pagar 100€ por una entrada!

En fin, yo no soy nadie para hablar, pero mientras los futbolistas estén tan encumbrados, y el fútbol sea por lo único que las masas son capaces de unirse, me vais a perdonar, pero no lo entiendo. Y lo criticaré sin descanso, hasta que se equiparen sus sueldos a la responsabilidad que tienen. No a los que disfrutáis con un partido y simplemente os lo pasáis bien, no. Sino a los que ocultos tras la muchedumbre, berrean, apuñalan, hacen vandalismo, y se salen de sí mismos cuando se mete un gol. 

Vamos, ni que por cada gol les convalidaran 5 años de hipoteca y dos carreras universitarias!!

Que siiiiii, que es la manera que tiene la gente de desahogarse y descargar tensiones!!!... Se me ocurren muchas maneras de descargar tensiones mucho menos neandertales y dañinas. Penoso.

Y esos padres que se empeñan en que sus hijos sean como Messi (que le puse cara la semana pasada), los apuntan al fútbol desde los 3 años y los visten de pies a cabeza con la equipación oficial con la que podía comer una familia entera un mes...


Todo esto venía a que la otra noche, ajena yo, estaba tranquilamente en casa cuando de repente escucho a través de la ventana una ovación al unísono que viene del resto del mundo. El sonido salía de todas y cada una de las ventanas que mi vista alcanzaba a ver. Todas las personas que estaban viendo el partido, gritan "goooool" a la vez, y diez segundos después empiezan los cohetes.
Es muestra del jolgorio que sienten los que por un momento han olvidado sus penas mientras ven un balón rodar, pateado por unos cuantos jóvenes con pendiente de diamante y coches que sólo han visto antes en las películas, y que ellos jamás podrán tener.

Y no, no me interesa el fútbol en absoluto, igual que a vosotros no os interesan otros temas que a mi si. A partir de hoy tendré muchos enemigos más. Se ve que te tiene que gustar por tripas...

El opio del pueblo. Además del mayor negocio de la historia.

Eso es el fútbol.
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2 comentarios:

  1. Pues a mi no me gusta, y tienes razón, me toman por raro.
    Hay mucho intolerante en ese mundillo, como en todos. La gente no entiende que el fútbol no nos tiene por qué gustar a todos, pero es su problema, no el nuestro :P

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