viernes, 30 de septiembre de 2016

Yo no leo...

Esa frase de tres palabras que todos estamos deseando soltar cuando, en una conversación, los demás empiezan a enumerar los miles de libros que se están leyendo a la vez.
Qué intelectuales somos todos oye.
Pues no, yo no leo. Libros no. Me aburren soberanamente, me falta acción, no soporto las descripciones detalladas e interesantísimas sobre "ese frondoso y verde seto donde el frágil pajarillo lanza sus cánticos al albor del amanecer, mientras las crisálidas reflejan los anaranjados rayos de sol en el horizonte estrellado". Me parece un auténtico coñazo, con todos mis respetos al que le guste.

En toda mi vida no he conseguido leerme más de 4 ó 5 libros enteros. Y no me avergüenza reconocerlo. Y desde luego, me he dejado cientos empezados por el camino. De la segunda o tercera página no he podido pasar. Y es que me aburren!!! Qué hago???
¿¿Me obligo a leer mientras pienso en otra cosa, sólo por decir "Yo si leo"??. Pos no.
Ojalá me interesaran los libros, pero no es así, y no me voy a fustigar por ello. Me interesa mucho más la música, por ejemplo.

Pero leer, lo que es leer, si leo. Muchísimo. Me paso la vida leyendo, desde que me levanto hasta que me acuesto, y en sueños también. Y vosotros igual.
No sé dónde está escrito que para poder decir que "lees", tienen que ser libros de esos que se compran y te cuentan batallitas de amor imposible, de guerras pasadas o de política actual. Hay gente a la que le falta leer los códigos de barras, y me parece muy bien, es un hobby como cualquier otro, pero no por "no leer" eres menos respetable o culto que ellos. A otros nos ha dado por investigar músicas desconocidas, por el más allá o por ahondar en el tema de la floricultura.

Y eso de que "hay que leer para no tener faltas de ortografía y saber expresarse", es una chorrada, porque YO NO LEO LIBROS y ni tengo faltas de ortografía, ni creo que tenga dificultad de expresión. Y eso que desde que existe internet, desaprendes más que aprendes, porque se ve cada cosa... El otro día leí algo así como "a avido", en lugar de "ha habido", y quien lo escribía, tiene una carrera universitaria... No digo ná.

Desde que te levantas estás leyendo. El despertador, los botes de gel o champú (más que nada para echarte cada cosa en su sitio), los mensajes de Whatssap, los emails de trabajo, las señales de tráfico, la lista de la compra, las etiquetas de los productos del súper, el ticket de compra, las noticias por internet, la receta del médico y la de las albóndigas, la lista de materiales del cole del nene, las instrucciones de la Thermomix, las cartas del banco, las facturas de la luz (aunque sigas sin enterarte de por qué te roban mes tras mes), la página web de lo que vayas a ver o a comprar, las publicaciones de Facebook, los Blogs...

Nos pasamos la vida leyendo. Y no, no serán Best Sellers de cualquier afamado autor, pero el caso es que leer, leemos todos.
Bueno, todos no. Los analfabetos no saben leer, y los ciegos no ven, por lo que no pueden hacerlo.
Imagina tu vida si no supieses leer. Pero nada de nada.
No sabrías distinguir el bote de champú del de antipiojos del perro. No sabrías si la mantequilla te va a aportar mil calorías o treinta. No podrías leer la carta que te avisa de que te toca pasar la ITV. Ni los folletos de Carrefour para beneficiarte del 3x2, ni las señales que indican por dónde tienes que tirar para llegar a algún sitio. Y lo peor de todo: ¡¡No podrías tener Facebook!!

Qué raro no? Esta gente vive en otra dimensión distinta a la nuestra. Tienen que adivinar las cosas, intuirlas, porque al no saber o no poder leer, todos los carteles, etiquetas, cartas y webs son totalmente inútiles para ellos.
Me diréis que hoy en día ya no hay muchos analfabetos, y tenéis razón. Quitando a l@s nonagenari@s rurales y a l@s gitan@s viej@s, el resto de la población mundial sí que sabe o puede leer. Mejor o peor, pero se defienden.
Pero están los que por una razón u otra, no tienen la capacidad de poder leer, ya sean ciegos, sordos o minusválidos psíquicos.



























No nos damos cuenta de la enorme suerte que tenemos de estar completos. No nos falta ningún miembro útil, podemos hablar, reír, ver, oler, respirar, leer, cantar, sentir, andar, correr, aplaudir, razonar, pensar...

Somos perfectos.
Si, perfectos. Tenemos todo lo necesario (por dentro y por fuera) para poder tener una vida plena, para poder vivir al 100% de nuestras posibilidades, hagamos rafting o no.

Hay mucha gente que no puede hacer cosas que nosotros ni nos damos cuenta de que hacemos. Sólo tenéis que acordaros de la última vez que os rompisteis un dedo, o una pierna, o un brazo (una uña no vale). Qué difícil se hace todo!. Parece mentira que por tener vendado el dedo gordo de la mano derecha, te conviertas automáticamente en un ser inválido, incapaz de abrir una lata de berberechos, cortar pan, abrir la puerta con la llave, cortarte las uñas o encender un mechero. Ahí es cuando te das cuenta de lo necesario que es el dedo gordo. Cuando no lo tienes. Y si es una pierna, ya te quedas absolutamente inservible. Ni ir a hacer pis sin ayuda puedes. Un horror.

Y claro, los que tenemos todas las piezas y órganos del cuerpo en su óptimo estado de funcionamiento, nos tenemos que quejar de lo que no tenemos o nos sobra. Qué inconscientes.
Cuando te dé el volunto de ponerte a dieta, piensa qué pasaría si te faltase una pierna. ¿De verdad te preocuparía tanto lucir tipo? O si no pudieras ver, ¿de verdad le darías tanta importancia a la celulitis?...
Si fuésemos en una silla de ruedas, o tuviésemos una enfermedad chunga, seguro que nos importarían poco las canas o la papada.

Al final, los que lo tenemos todo, somos más infelices que los que tienen algún problema de salud. Porque el ser humano es quejica por naturaleza, y tiene que estar siempre pensando en lo que le falta, en vez de pensar en lo que tiene.

Hay que ir por la calle contentos de tener dos piernas para andar y saltar, dos brazos para coger bolsas o abrazar, dos ojos para ver por dónde vas, una nariz que funciona perfectamente, y unos pulmones que cumplen su función. Lo demás, que seas fe@ o guap@, alt@o baj@, gord@o flac@, no son más que detalles sin importancia, adornos más o menos bonicos que nos han tocao en la tómbola. Así de simple.

En fin, que me he dado cuenta de la suerte que tengo por haber nacido con todo lo que hay que nacer. Quizá con michelines de más, la nariz un poco grande y la lengua pelín hiperactiva, pero ¡más vale que sobre, que no que falte!

Demos gracias al señor, a la naturaleza, a la genética o a lo que cada uno crea conveniente, pero debemos estar contentos simplemente por estar completos.
¡Y queda terminantemente prohibido quejarse por tonterías!

Y no sé cómo he empezado el post hablando de leer, y he acabao así...
Será la edad ;)


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1 comentario:

  1. Jajajajaja no te preocupes por empezar con un tema y acabar con otro, porque me río mucho con tu forma de contar las cosas igualmente. Yo tampoco leo libros.
    Y tienes toda la razón en que debemos estar contentos por estar enteros, es muy buena frase.
    Un saludo

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